martes, marzo 07, 2006

El nombre de la rosa, por Umberto Eco

El monje Guillermo de Baskerville, de malnombre "el sabueso" se dedica a investigar una serie de coloridos crímenes sucedidos en una abadía. Ayudado por su inseparable amigo discípulo y amante oficial Adso de Melk, luchan contra la ignorancia y el oscurantismo que se ocultan tras los rocosos muros.
Como unos Batman y Robin medievales, los protagonistas investigan la conexión entre las víctimas, un misterioso libro de la biblioteca que es, aparentemente, pornográfico. Mientras Willy está ocupado con la investigación, el pequeño Adso se amanceba con una chica del pueblo que está de toma pan y moja. En estas, llega un inquisidor a la abadía que lo soluciona todo a base de quemar al simpático dulcinista Salvatore, a otro fraile, y ya de paso, a la sensual moza.
Al final resulta que el libro un tochaco escrito en latín, lo cual desanima a todos. El bibliotecario se queda dormido en la biblioteca fumando, lo que desencadena un incendio.
En una última y emotiva escena vemos como Guillermo da a elegir a Adso: el camino fácil, o sea quedarse con la chica y ser felices, o el del conocimiento, o sea seguir siendo su discípulo gay. Adso elige este último y, abrazados, parten cabalgando hacia el horizonte.

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Comentario textual:

1. La mitad del libro no se entiende porque está en latín (¡y sin pies de página para traducirlo!)
2. Como consecuencia de lo anterior, deducimos que Umberto Eco es algo cabrón.
3. La peli no está en latín, y se entiende mejor.
4. Los monjes de la edad media vivían como marajás.
5. Quemar gente mola, quemar libros da penilla, porque se pierde la cultura.
6. Las parejas gay pueden pasar por momentos difíciles, pero eso las fortalece.

2 comentarios:

Marina dijo...

PENITENCIAGITTEEEEEEEEE....!!!!!!!!!!!!!!!!

lovethebomb dijo...

Ole! Al final lo hiciste! Muy bueno!

Respecto a lo que no tiene pies de pagina... imagina la cara de idiota que se me quedo cuando acabo el libro y resulta que en la edición española, al final, esta la traducción de tooooodos los latinajos enumerados por lineas, parrafos y paginas.

De gilipollas por lo menos!

Pd. Umberto Eco queria ser monje, pero el voto de castidad se lo impidio.

 
crítica de libros, literatura, clásicos